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A lo largo de mi vida cristiana he conocido personas que han sido maravillosos servidores tanto dentro de la iglesia como en la comunidad y/o familia. Algunos de ellos han sido heridos mientras sirven, y han dejado de hacerlo. Otros aunque siguen sirviendo mantienen sus límites para servir. El punto no es señalar cuál está bien o mal, sino recordar que lo hacemos para Dios. Efesios 6:7-8 es una promesa extraordinaria.

Sirvan de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que el Señor recompensará a cada uno por el bien que haya hecho, sea esclavo o sea libre.

Como ya sabemos Jesús vino a servir y no ha ser servido. No devalúo que estes agotado, decepcionado, que tengas límites para servir a tu iglesia u otro lugar. Pero he experimentado que cuando lo hago para Dios, el sentimiento al servir es diferente. Ya no espero nada a cambio, si me dan crédito o no, si valoran mi esfuerzo. Porque se que para mi Padre en el Cielo nada hay oculto antes sus ojos (Job 34:21; Salmos 33:14). Él me recompensará en su tiempo y en las áreas que conoce necesito ser bendecida, restaurada, o libertada.

Para pensar: ¿Que tal si comienzas a servir recordando que Dios te observa y su memoria jamás fallará ? Tiene cuidado de ti. Recibe un abrazo y consuelo de parte de Dios si has sido herido durante el servicio que haz brindado.


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