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Los narcisistas que están entre nosotros

Escrito por el febrero 23, 2021

Hoy tengo que hablar de algo muy desagradable, así que cada uno es libre de ahorrarse el disgusto y no seguir leyendo. Además, es un texto largo. Sin embargo, si algo tengo claro en este momento es que ahorrarnos hablar de cosas desagradables solo nos conduce a mayor perdición.

Durante este mes de febrero nos ha ido llegando la información que ya se destapó en septiembre de parte de Christianity Today acerca de lo que se ha podido comprobar fehacientemente: que Ravi Zacharias, el famoso apologeta fallecido en mayo de 2020, pasó gran parte de su vida y su ministerio viviendo una doble vida; mientras dirigía un ministerio de conferenciantes y apologetas para explicar las razones intelectuales de la fe y la confianza en Jesucristo, desarrolló un patrón a escala mundial de abusos sexuales contra mujeres, incluso violaciones, y se lo ocultó a todo el mundo.

He podido traducir y adaptar parte de esta información de Christianity Today a su petición, y las últimas semanas, por muchas cuestiones que me afectan directa e indirectamente, y muchas personas por las que tengo el compromiso de orar en estos momentos difíciles, he podido analizar lo que se sabe y se ha explicado con bastante detalle.

Por esa razón creo que tengo la obligación de explicar aquí esta historia, con la única intención de contar la verdad que ha quedado demostrada. Lo digo porque a muchos nos está asustando ligeramente que en el mundo hispanohablante se esté pasando por alto este asunto con un mero “Esto nos puede pasar a todos”, o “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. No, no es tan sencillo, ni tan inocente. Creo que en parte es porque no existen muchas explicaciones ni detalles en español al respecto, así que humildemente voy a intentar resolver eso. Muchos de los enlaces que comparto están en inglés, pero creo que con herramientas como Google Translate quien esté interesado en saber más y no sepa inglés puede hacerse una idea bastante buena.

He intentado ser lo más ajustada posible a los hechos conocidos y a la información que se ha comprobado, pero entiendo que en cuestiones que nos afectan a tantos personalmente hay muchísimos detalles más y quizá haya alguna apreciación o ajuste que realizar.

Aun así, sé que hay cosas que son difíciles de creer.

Lo intentaré explicar desde la certeza de que a estas alturas estos hechos ya se han comprobado como ciertos por diferentes fuentes, incluyendo la investigación privada de Miller & Martin requerida y publicada por RZIM.

La historia comienza en 2015, con un abogado canadiense llamado Steven Baughman que descubrió casi sin querer que parte de las credenciales que Ravi Zacharias aseguraba tener (sus títulos universitarios y su currículum académico) eran falsas o estaban infladas. Investigó el tema, sin demasiados problemas, y llegó a denunciarlo. A él, como a muchos, le parecía una acusación bastante grave, sobre todo para alguien que tenía un ministerio internacional y llevaba en su nombre a toda una organización que aseguraba defender la verdad. Sin embargo, para su sorpresa, nadie se dio por aludido, y en RZIM (Ravi Zacharias International Ministeries, la organización que fundó Zacharias) no le dieron ninguna importancia al tema y lo dejaron pasar. Baughman, sin embargo, escribió un libro y dejó abierto su blog para que esa información que él reveló que era cierta no se perdiera.

En 2017 una mujer de Canadá, Lori Anne Thompson, denunció a Ravi Zacharias por haberla coaccionado para que le mandase fotografías sexualmente explícitas y para mantener una relación emocional y sexual a distancia y, cuando ella se arrepintió y quiso retirarse, amenazó con suicidarse y hacerle la vida imposible. El escándalo saltó a la luz y hay diferentes relatos de lo que ocurrió entonces, pero casi todos coinciden en que dentro de la junta de gobierno y liderazgo de RZIM se intentó minimizar y quitarle importancia por la sencilla razón de que nadie, absolutamente nadie, era capaz de aceptar que Ravi Zacharias hubiera actuado así. A Zacharias se le consideraba una persona buena, santa, e incluso demasiado ingenua. La imagen de él, según afirman las fuentes, es que temían que la mujer se hubiera aprovechado de la ingenuidad de Zacharias para sacarle dinero, así que le defendieron sin querer profundizar ni investigar más allá en las acusaciones, aunque algunos miembros destacados de RZIM sí intentaron que en 2017 se investigara el asunto a fondo; desde la directiva se taparon todos esos intentos. Se requería una lealtad absoluta al líder, y se erradicaba cualquier raíz de crítica o desconfianza. Esa era la política de la empresa.

Ravi Zacharias denunció a su vez a Lori Anne Thompson por extorsión, y acabaron en un acuerdo económico para no seguir adelante con el juicio, y en un acuerdo de confidencialidad con el que ambas partes se comprometían a no volver a hablar del asunto, aunque el propio Ravi Zacharias tardó días en saltarse el acuerdo para exponer su versión de los hechos, sin permitir que Thompson pudiera responder, bajo pena de que todo el peso de la ley y los abogados de Zacharias cayeran sobre ella. Se estableció la versión oficial de que Thompson había realizado un intento de extorsión, que era la versión de Zacharias.

Así quedó la cosa, oficialmente, hasta el fallecimiento de Zacharias en mayo de 2020. A su funeral asistió el mismísimo vicepresidente de los Estados Unidos del momento, Mike Pence, y nadie escaseó las alabanzas. Esa era la sensación que quedaba para la gran mayoría de personas: que había fallecido un campeón de la fe. Mientras veía por Internet el funeral de Zacharias, una mujer que había trabajado con él y había sufrido repetidos abusos sexuales durante años, se preguntó si ella había sido la única que sabía la verdad sobre Zacharias de la que nadie parecía hablar, y se puso en contacto con Steven Baughman a través de su blog RaviWatch. Él cuenta que empezó a investigar y descubrió que había al menos tres mujeres que estaban dispuestas a contarle, en confidencialidad, los años de abusos sexuales que habían vivido de parte de Ravi Zacharias. Baughman contó que él no se sentía con autoridad suficiente para contar hechos tan graves, así que contactó con Christianity Today para que ellos investigaran a fondo la historia. Así fue cómo el periódico, en septiembre de 2020, publicó un extenso reportaje en el que se tomaban los testimonios de estas tres mujeres, después de haber comprobado de la mejor manera posible la veracidad de sus historias. Estas mujeres relataron que trabajaban como masajistas tituladas (un grado medio en EE. UU. parecido a fisioterapeuta) en dos de los centros de spa que Zacharias fundó en Alpharetta, Georgia, a poca distancia de la sede central de RZIM. Y este es un detalle importante. No se sabe bien de dónde salió el dinero de Zacharias para fundar estos negocios, aunque la investigación posterior señala a que hay indicios de que se usaron fraudulentamente fondos de la fundación humanitaria de RZIM Wellsprings International. También se ha sabido a través del informe que una organización de RZIM llamada Touch of Hope funcionaba como un fondo privado e ilimitado de parte de Zacharias, mediante el cual pagó a sus amantes y financió sus abusos. En cualquier caso, Zacharias se presentó siempre en estos spas como socio fundador, es decir: como alguien que poseía suficiente poder como para despedir a quien considerase. De todas maneras, casi todo el mundo explicó que Zacharias parecía un hombre bueno, una figura paternal que se preocupaba por las personas con las que trabajaba, ganándose la confianza de todo el mundo. Era sabido que Zacharias recibía masajes para combatir el dolor por una lesión de espalda que tuvo lugar en 1985. Lo que no era sabido era que, en la intimidad de las salas de masaje, él investigaba a las masajistas y a aquellas que consideraba suficientemente vulnerables (por su trasfondo familiar, sus problemas económicos) comenzaba a acosarlas con tocamientos, quedándose innecesariamente desnudo durante los masajes, pidiéndoles que le masajearan la zona de los genitales o, directamente, masturbándose durante el masaje. Hay testimonios de que esto llegó a ocurrirle más de 50 veces a una de las víctimas. Hay testimonios de que algunas mujeres renunciaron cuando el acoso comenzó, dejando su trabajo sin dar explicaciones. Hay testimonios de que Ravi Zacharias no lo hacía con todas las mujeres, solo con algunas que seleccionaba, ganándose previamente su confianza, incluso ayudándolas económicamente para después pedirles sexo a cambio, cuando se encontraban en situación de no poder rechazar la ayuda económica ni devolverla. El testimonio en el que todas coincidían era que todas estas mujeres guardaron silencio hasta la muerte de Zacharias porque se les dejó claro que su palabra no valía nada frente a la palabra del gran líder cristiano; nadie las creería. El lenguaje religioso que utilizaba Zacharias también las hacía sentir culpables, como si hubieran sido ellas quienes “habían hecho caer en pecado” al gran hombre de fe. Muchas aguantaron esta situación durante años. Estos actos sucedían cuando estaban a solas en las salas de masaje. Por un lado, no había testigos; por otro lado, era la palabra de las masajistas contra la de Zacharias. Y esa situación, según han explicado todas las fuentes, fue propiciada y planeada adrede por Ravi Zacharias para esconder sus abusos.

Después de revelarse esta investigación en septiembre, los dirigentes de RZIM, alarmados, decidieron requerir los servicios de una firma de abogados externa para que investigaran a fondo toda esta información. En aquellos momentos todo el mundo en RZIM decidió hacerlo con la convicción de que solo una investigación concienzuda limpiaría el nombre de Zacharias, a quien ellos seguían considerando totalmente inocente y víctima de estas acusaciones.

La sorpresa fue que en diciembre un informe preliminar de Miller & Martin avisó de que lo que habían descubierto verificaba la historia de los abusos, y cuando ahora en febrero se entregó y se hizo público el informe final, con todos los detalles de estas agresiones y muchísimas más cosas que se destaparon de la doble vida de Zacharias, el daño y el alcance de la noticia ha sido devastador.

El informe de los investigadores, avisan, no pudo ser siquiera exhaustivo, puesto que solamente pudieron investigar lo ocurrido entre 2014 y 2020, analizando los dispositivos de Zacharias, interrogando a testigos, a víctimas, corroborando sus historias e historiales. Es decir: no se sabe cuánto tiempo llevaba Zacharias actuando así, pero se supone que, con un patrón tan bien establecido para poderse ocultar, debía ser mucho tiempo. No solamente se corroboró como cierta la historia de las tres masajistas que contactaron con Christianity Today, sino que se descubrió a muchísimas otras víctimas más, todas ellas también masajistas tituladas. Se descubrió que los abusos ocurridos durante las sesiones de masaje también sucedieron en los viajes que Zacharias realizaba para su ministerio, sobre todo en el sureste asiático, aunque no fueron capaces de llegar allí para investigarlo a fondo. Descubrieron que Zacharias tuvo diferentes aventuras amorosas durante aquellos años, consentidas por ambas partes; al mismo tiempo, también se descubrieron sus abusos sexuales, no consentidos por parte de las mujeres a las que se coaccionaba, o se pagaba, o se les hacían regalos lujosos, para obligarlas a no hablar. Se descubrió que llegó a tener centenares de fotografías de mujeres en sus teléfonos móviles, muchas de ellas sexualmente explícitas. También se pudo comprobar, aunque fuera indirectamente (porque el asunto del acuerdo de confidencialidad es una cuestión muy turbia) que lo que Lori Anne Thompson denunció en 2017 era absolutamente cierto. De hecho, aunque en su declaración inmediatamente posterior Ravi aseguró que él nunca había pedido aquellas fotografías y que su error fue no contárselo a nadie de su organización, los investigadores descubrieron que antes y después de esas declaraciones siguió recibiendo fotografías y videos de mujeres, muchas de ellas de menores de treinta años, muchas de ellas sexualmente explícitas, y no se tiene constancia de que se lo contara nunca a nadie de RZIM. También se demuestra que Zacharias mintió cuando aseguraba que en sus 45 años de matrimonio nunca estuvo a solas con ninguna mujer que no fuera su esposa o sus hijas, puesto que los testimonios de las decenas de masajistas que se quedaron a solas con él están ahí, y son veraces.

La respuesta de parte de RZIM ha sido contundente, pidiendo perdón a las víctimas en primer lugar y admitiendo una reestructuración interna que va mucho más allá de lo que pensaron tras la muerte del fundador. La rama británica de la compañía, Zacharias Trust, ya lanzó un comunicado anunciando se desvinculaban completamente de RZIM y cambiarían de nombre. Las diferentes sedes nacionales por todo el mundo se enfrentan ahora a la difícil realidad de que, probablemente, sin los fondos que ya no lleguen de la sede central de EE. UU. su labor resulta muy difícil. Las alianzas y actividades planeadas, ya tocadas por la pandemia, se suspenden. Es muy posible que el ministerio desaparezca finalmente; desde luego, no puede seguir tal y como estaba. 

Sin embargo, tras todo esto hay otras cuestiones que analizar y de las que conversar.

Creo que lo primero de todo es reconocer el dolor y la realidad de las víctimas, y lamentarnos de que se hubiera desarrollado todo esto en un sistema de abuso que impidiera que salieran a la luz. Mucha gente se lamenta precisamente de esto. Yo también me lamento de que esto no se supiera en vida de Zacharias, sinceramente. Hubiera sido mejor poder confrontarle con estas cuestiones y darle la oportunidad de arrepentirse. Sin embargo, precisamente, por la magnitud de los abusos y su naturaleza, es perfectamente comprensible que no se hubiera podido saber hasta su muerte.

Las primeras víctimas fueron las de sus abusos sexuales. Después, su familia y su gente cercana han sido también víctimas. Después, aquellos que pusieron su cariño y confianza en Zacharias de algún modo también son sus víctimas. El único culpable de mantener sus actividades delictivas en la sombra durante décadas ha sido Ravi Zacharias. El único culpable de engañar sistemáticamente a todo el mundo, dando una imagen angélica y falsa de sí mismo, ha sido él. Así que yo lamento mucho el dolor por el que está pasando tanta gente por su culpa. Hubo gente que le seguía, que leía sus libros, que escuchaba sus conferencias, y lo siento mucho por los que se sienten defraudados y dolidos. Es un proceso que va a tener que pasar, el de sanar eso. Lo que queda demostrada es la naturaleza depredadora, pecaminosa y engañosa de Zacharias. Lo hizo de tal manera que nadie, absolutamente nadie, podía dudar de él ni criticarle. Y, esto es lo importante, debemos reconocer que ese es el patrón de comportamiento habitual de los sociópatas y narcisistas. Por eso era imposible que saliera a la luz mientras estuviera con vida, porque su sistema de ocultación funcionaba.

El caso de Zacharias se convierte, sin quererlo y a nuestro pesar, en un caso paradigmático de cómo personas con trastornos de la personalidad, completamente alejados de la piedad y la bondad que se requiere de los hombres de Dios, se hacen pasar por personas beatas. Los narcisistas anhelan y acaparan los puestos de liderazgo. En el caso de Zacharias, él mismo creó una corporación con su nombre y se colocó en el puesto de liderazgo más alto. Y mientras el pueblo evangélico se sentía obnubilado y alababa los grandes logros de la empresa, Zacharias utilizaba esa plataforma para dar rienda suelta a sus bajos instintos.

Hubiera sido terriblemente duro admitir que mantuvo diferentes relaciones románticas con otras mujeres, como es el caso. Pero el problema es aún más grave con las relaciones no consentidas, los abusos sexuales sistemáticos, los abusos de poder. Por un lado está la historia de las mujeres que han sido violadas y ultrajadas, casi obligadas durante años a una forma retorcida de prostitución aprovechándose de su debilidad. Por otro lado está el abuso de poder que ejerció Zacharias en su empresa, de lo que también hay testimonios. El mayor problema de todos es que nunca se arrepintió, sino que hasta el mismo momento de su muerte fue capaz de mantener la fachada de inocencia.

Por si esto no fuera suficientemente retorcido, hay que añadir otro grado de dolor: la cantidad de personajes dentro del mundo evangélico que se identifican más con el abusador que con las víctimas. Estos han surgido como setas las últimas semanas, y son los que deberían ayudarnos a comprender el grave problema que tenemos como pueblo evangélico.

No sabemos reconocer a los sociópatas que hay entre nosotros. Dejadme que cite al apóstol Pablo: “Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Apártate de esa gente!” (2 Timoteo 3:5). “Profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan; son abominables, desobedientes e incapaces de hacer nada bueno” (Tito 1:16). Y también citaré al apóstol Pedro: “Su concepto de placer es entregarse a las pasiones desenfrenadas en pleno día. Son manchas y suciedad, que gozan de sus placeres mientras os acompañan en vuestras comidas. Tienen los ojos llenos de adulterio y son insaciables en el pecar; seducen a las personas inconstantes; son expertos en la avaricia, ¡hijos de maldición! (…). Estos individuos son fuentes sin agua, niebla empujada por la tormenta, para quienes está reservada la más densa oscuridad. Pronunciando discursos arrogantes y sin sentido, seducen con los instintos naturales desenfrenados a quienes apenas comienzan a apartarse de los que viven en el error. Les prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción, ya que cada uno es esclavo de aquello que lo ha dominado” (2 Pedro 2:13-19). Es una pena enorme que no leyéramos esto con suficiente discernimiento espiritual; es una pena que no supiéramos aplicar estos consejos en vida de Zacharias, incapaces de descubrir su verdadera naturaleza, porque estábamos engañados por la falsa ideología del éxito. Creemos, sin duda, en el pueblo evangélico, que el éxito es sinónimo de santidad, porque hemos sustituido las enseñanzas de la Biblia por las del pensamiento empresarial. Creemos que, si alguien tiene fama, focos y atención, no debemos realmente sopesar sus palabras, analizarlas a fondo y a la luz de su vida devocional privada, porque a nosotros nos parece una persona santa. Es el mismo mecanismo por el que nos chiflan los famosos que hablan de su cristianismo, y por el que no creemos en la teología de la prosperidad, pero automáticamente pensamos que si alguien tiene dinero es porque Dios le bendice.

No hablo solo de Zacharias. Estoy segura de que, al explicar la conducta llena de dobleces y mentiras de Zacharias, a muchos se nos vienen a la cabeza personas que conocemos que actúan exactamente igual. Que no permiten una crítica, que utilizan el lenguaje religioso para someter a los demás. Que manipulan la impresión que se tiene de sí mismos desde fuera. Que quienes les conocen un poco en lo personal se sienten incómodos, incapaces de percibir lo divino en ellos, contrariados por percepciones contradictorias. Y esta clase de personas abundan en el pueblo evangélico allá donde haya un puesto de poder disponible. Dice Pablo: “Así que el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; no debe ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible. Debe gobernar bien su casa” (1 Timoteo 3:2-4). Estos hombres buenos, apacibles, humildes, sabios y maravillosos existen y están ahí. Son hombres que aman a Dios por encima de todas las cosas, pero les falta esa naturaleza depredadora, agresiva, que en nuestra cosmovisión empresarial de la iglesia no se identifica con el mal, sino con ser “gente buena para el liderazgo”. Así que no dejamos que esos hombres ocupen los puestos de liderazgo. Dejamos que los sociópatas, los narcisistas, los que imitan las emociones y la devoción a Dios, pero no la viven, ocupen los puestos y acaparen del poder para acabar abusando de él. Hemos fallado en el discernimiento espiritual que el Espíritu le da a su iglesia. Y es el momento de que nosotros también nos arrepintamos, pidamos ese discernimiento, y echemos de los puestos de liderazgo a los lobos con piel de cordero. Es muy duro comprender esto, pero debemos entender que es un mandato bíblico que hemos desobedecido.

¿Sabéis por qué estoy segura de que estos sociópatas están ahí, en los puestos de liderazgo de la iglesia? Porque a la hora de la verdad, se han sentido mal por Ravi Zacharias, no por sus víctimas. Se identifican con el abusador, no con los abusados. Y ponen decenas de excusas, y citan decenas de versículos bíblicos para darle la vuelta al asunto e insistir en que “Todos podemos caer en estos pecados” o “Todos los pecados son iguales ante Dios”. Lo siento, pero aquí me planto. No entiendo ni voy a intentar entender que el pecado de violar mujeres y organizar tramas ocultas de abuso sexual suceda “sin querer”. Por supuesto que todos pecamos, pero eso no es razón para creer que podemos pecar en cualquier momento sin darnos cuenta. Porque si uno busca al Señor, y le necesita, y le ama, y comparte su vida con él, el Espíritu nos aleja de ese punto resbaladizo en que cometemos una y otra vez el mismo pecado. Es cristianismo básico. Los que amamos al Señor y entendemos nuestra debilidad, pero también la santidad bajo la que él nos ampara, sabemos que cuanto más cerca estamos de él, más lejos estamos del pecado. ¿Somos libres de pecar? Por supuesto que no. Pero desde luego, no planeamos sin querer crear una red de ocultación para abusar de los débiles, de las eternas viudas, los eternos huérfanos, los eternos extranjeros. Y creo que esta debería ser una de las señales que nos muestren que esa persona en el liderazgo no cumple con los requisitos de 1 Timoteo 3.

Creo que hacemos algo bíblico si rechazamos volver a utilizar los libros y recursos de Zacharias. Ha quedado demostrado que no fue un hombre de Dios veraz y sincero. Ha quedado demostrado que no se quiso arrepentir de sus pecados. Creo que es bíblico, en ese sentido, no volver a seguir sus consejos nunca más. Y, en el fondo, no se trata de alguien más que ha estado en el escenario, en una situación de fama y éxito, y “ha caído en desgracia”, esa extraña expresión. Ha habido algunos que, se puede decir, han caído en desgracia, pero después se han arrepentido y han sido honestos delante de Dios y de sus hermanos. A esos hemos perdonado, aceptado y restaurado junto con el Señor. Creo que no sería justo introducir a Zacharias dentro de esta categoría.

Creo que se le debería perdonar, por supuesto, por nuestro propio bien y descanso; dejando claro que el perdón no se debe imponer, sino propiciar. El primero que nos anima a perdonar es Dios, pero ningún perdón es genuino si no se toma su tiempo para aceptar el mal que ha sido causado. Hay quienes llaman “perdón” a lo que es una simple táctica de ocultación y obligación a guardar silencio. Cuando se niega que haya habido agravio, no puede haber perdón genuino. Hay que reconocer la realidad de las víctimas, de todas ellas, y dejar espacio para el duelo y la restauración, y animar el perdón para poder encontrar descanso, sí. Pero con tiempo, el que haga falta.

Pero, incluso una vez perdonado, creo que no deberíamos volver a usar ninguno de sus recursos, y solo leer sus libros como ejemplo de la suprema hipocresía de la que aún debemos aprender a salir. Puedes perdonar a un niño que, sin querer, ha pegado un balonazo y se ha cargado un cristal de la casa; eso no significa que le debas dejar seguir jugando allí con la pelota.

Podríamos hablar horas de todo esto, pero creo que lo más urgente es pediros que oréis al Señor pidiendo sabiduría y discernimiento, porque estoy segura de que muchos de vosotros sabéis de qué clase de líderes narcisistas os estoy hablando. Quizá trabajéis para ellos y conozcáis lo mezquinos que son en privado, y lo santos que parecen en público. Quizá son vuestros pastores y habéis escuchado hablar una y otra vez de sus abusos de poder, que se han ocultado convenientemente, o incluso se han desechado haciéndose pasar ellos mismos como las víctimas. Fijaos en la historia de Ravi Zacharias. Fijaos en los abusos demostrados. Esa vocecita interna dentro de vosotros diciéndoos que hay algo malo en ellos y que no hay que guardar silencio no significa que estéis locos y debáis callaros: es el Espíritu Santo llamando a su iglesia a ser garantes de la verdad. Y puede que sea el momento de hacerle caso. 

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